UN NUEVO PROCESO DE MADURACIÓN

08
Nov
07/11/2020   Tamara Sebastián Laguna

Recientemente estamos viviendo una serie de cambios que gotea un zumo seco y áspero pero que, en su sabiduría, posiblemente nos vaya a dejar cultivar nueva fruta de la cual aún desconocemos el sabor.

No es de bien nacidos, mostrarse desagradecidos, pero ¿cómo expresar la incertidumbre que sentimos ante esta ola de acontecimientos? Posiblemente, en este momento debamos retirarnos a meditar a nuestro fuero interno para analizar con precisión microscópica esa tan reputada frase «¿De dónde venimos?, ¿adónde vamos?».

Si bien es cierto que la vida de las personas está viéndose forzada a ciertas restricciones que el virus C19 les ha hecho padecer, parece que el despertar de la sociedad todavía no ha querido mostrarse o todavía no ha llegado su momento pues, parece que no hayamos aprendido prácticamente nada de esta última pandemia y los duros meses de confinamiento.

Pero, ¿es eso cierto? Analizando la situación un poco más, se percibe que la generación de políticos y mandatarios de Estado en general aplican brazo de hierro en el incumplimiento de esas «pequeñas ayuditas para evitar el contagio», justificando su actuación en la irresponsabilidad de los humanos que no hacen caso a la normativa general.  Y que, a través del miedo, han conseguido convertir a la sociedad en una cacería de brujas al más puro estilo Halloween.

Reflexionemos este punto, ¿acaso se nos ha dado la oportunidad de comportarnos de forma responsable? Se podía leer hace unos días en las noticias del Principado de Asturias que se había pedido a sus conciudadanos un «autoconfinamiento», algo que para los suecos no es algo nuevo pero que para el pueblo español parece desconocido.

Para trasladar la situación al campo educativo podríamos decir que muchas veces los más pequeños necesitan que se confié en ellos. Aunque sabemos que siempre queda un grupo que no consigue desarrollar este aspecto, pero la sociedad actual necesita un proceso de maduración distinto. Está pidiendo a gritos un cambio para bien y no a la fuerza. Ya que la fuerza ha venido esta vez a través de un virus, el que va a forzar es él.
La gente necesita respirar más que nunca. Estamos asfixiados por el sistema que lejos de ser natural resulta lo contrario, totalitarista y antinatural.
Solo trasladarlo al fuero interno ya deja entrever que tanto los progenitores como el profesor o el maestro son guías en nuestra corta vida. Y no se puede o más bien no debería pasarse de indicaciones educativas a imposiciones radicales.
Es todo un proceso de deshumanización y hace que entrar a la sociedad en un bucle en la cadena de repulsa y hedonismo. Estas dos no son más que la necesidad de la inmediatez por llenar el vacío existencial que el ser humano viene arrastrando desde hace bastante tiempo.

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